Mihatsch: Los orígenes discursivos de los atenuadores procedimentalizados ‘tipo’, ‘onda’, ‘corte’ y ‘rollo’: Una exploración microdiacrónica



Introducción1

El objetivo principal del proyecto Es.Vag.Atenuación (La atenuación pragmática en su variación genérica: géneros discursivos escritos y orales en el español de España y América), al igual que en los proyectos precedentes2, ha sido el análisis sistemático de las funciones discursivas y de los tipos de recursos de atenuación del español y su variabilidad (Albelda, 2013). Mientras que en el proyecto anterior se estudió la variación diatópica y diafásica, Es.Vag.Atenuación se dedica a la variación entre géneros discursivos.

Los trabajos de los miembros del proyecto han permitido ver la variabilidad de las estrategias y formas que expresan atenuación. La mayoría de las expresiones estudiadas no han pasado por un proceso de pragmaticalización, sino que se usan como atenuadores aprovechando el significado léxico o una función inherente de una construcción, como en el caso de los parentéticos (por ejemplo, ‘digamos’), o una función gramatical, como en el caso del condicional (sobre la variedad de las estrategias y formas véase Albelda (2013), Puga (1997) sobre las estrategias empleadas en Chile). La función atenuadora aparece en muchos casos a base de implicaturas. Solo un grupo restringido de atenuadores surgió pasando por un proceso de pragmaticalización, que comparte con la gramaticalización la procedimentalización creciente (Escandell Vidal (2017) sobre el estatus lingüístico del significado procedimental) y que lleva a unas estructuras polisémicas de varias funciones pragmáticas convencionalizadas. Los atenuadores ‘tipo’ y ‘como’, y las expresiones diatópicamente más restringidas ‘rollo’, ‘en plan’3, ‘onda’ y ‘corte’ pertenecen a este pequeño grupo de marcadores que pasaron por un proceso de procedimentalización reciente (todavía más reciente en el caso de estos últimos). ‘Como’ parece ser el atenuador diasistemáticamente menos marcado. Las siguientes entradas de 2018 y 2019 publicadas en un foro de la plataforma reddit resumen estas tendencias:

“¡Hola a todos! Recientemente he estado pasando mucho tiempo con una de mis amigas de Argentina y cuando habla, frecuentemente usa la palabra “tipo”. Por lo que he observado, parece que es parecida a la palabra “like” en inglés. Antes de conocer a ella [sic], nunca había oído esta palabra en mi vida. Any native speakers out there that could tell me a bit about this word? Is it just a filler word like “like”? Is it only used like this in Argentina? ¡Gracias por su ayuda! TheMonadoBoi

Creo que se usa mayormente en Latinoamérica (habrá que esperar por una opinión de España)[,] pero efectivamente se usa del mismo modo que “like” (aún [sic] como muletilla)[.] La forma “correcta” de hablar sería usando “como” en muchos casos[,] pero tipo se ha vuelto prácticamente intercambiable en plática casual.

UltHamBro

En España se usa menos, no tanto como “like” en inglés. Creo que se usa sobre todo para hacer comparaciones. La expresión equivalente como muletilla sería “en plan”.

VicCocsaca

In Spain, I would say it's not totally ubiquitous. People often use “en plan” where an English speaker would say “like”.

“Tipo” and “rollo” are often used in a more descriptive way, when discussing the style of something.

“Es una serie tipo Breaking Bad” = It's a Breaking Bad type show.

“Tiene buen ambiente, rollo roquero” = It has a nice atmosphere, a kind of rocky vibe.

( https://www.reddit.com/r/Spanish/comments/9n3hc8/la_palabra_tipo/, página consultada el 22 de enero del 2020)”

Estos marcadores desarrollaron un alto grado de multifuncionalidad: junto a la atenuación del decir (Briz Gómez, 2003) expresan muchas veces focalización, ejemplificación, indicación de citas, estructuración discursiva y en todos los casos imprecisión o aproximación, es decir, atenuación de lo dicho (Briz Gómez (2003) para una distinción entre la atenuación de lo dicho y del decir). Hasta ahora, los estudios dedicados a estos marcadores se han centrado en las diversas funciones discursivas que asumen. El objetivo de este trabajo es analizar con mayor detalle las fuentes, es decir, las construcciones particulares que han generado las diversas funciones discursivas: la comparación por semejanza en el caso del marcador más antiguo ‘como’; una construcción que crea categorías ad hoc y a partir de ahí da lugar a un uso comparativo por semejanza en el caso de ‘tipo’. De acuerdo con los datos presentados en este trabajo, probablemente han recorrido caminos similares los otros marcadores mencionados arriba. La aparición de la función aproximativa es la base de los usos atenuantes de estas expresiones. ‘Como’ inicia este proceso en la Edad Media, y según se verá, es seguido por ‘tipo’ y por ‘onda’ en distintas variedades latinoamericanas, por ‘rollo’ en el español peninsular y por ‘corte (que)’, la adición más reciente que está diastráticamente marcada y restringida al español bonaerense. Como se mostrará a lo largo de este estudio, estos marcadores comparten tanto el origen en construcciones comparativas por semejanza (similative constructions, Haspelmath & Buchholz, 1998), que a su vez surgen de la categorización ad hoc, como el período de aparición, a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Este trabajo se dedica a los marcadores recientes a base de sustantivos que comparten su origen en construcciones comparativas por semejanza. Por lo tanto, no se estudiarán ‘como’ y ‘en plan’ (Borreguero Zuloaga (2020) sobre el origen adverbial de ‘en plan’).

Cabe preguntarse cómo y en qué contexto surgió la construcción de origen que llevó a la comparación; en qué registros nació la función de aproximación o atenuación de lo dicho, y cómo y en qué contextos evolucionó la función coloquial de atenuación.

1. Punto de partida y marco teórico

En la segunda mitad del siglo XX, varios idiomas desarrollaron marcadores pragmáticos con una estructura polisémica casi idéntica que expresan comparación, aproximación, mitigación, introducen citas y ejemplos, focalizan, estructuran el discurso y desempeñan las funciones de vacilación o de relleno.4 Todas estas funciones nacen como implicaturas de otras que están asociadas a ellas (Mihatsch (2018a, 2018b, 2020) sobre la delimitación de las funciones y las relaciones entre ellas), pero, a nuestro juicio, se suelen convencionalizar dando lugar a estructuras polisémicas, lo que explica también las diferencias diatópicas entre estos marcadores en cuanto al desempeño de las distintas funciones (Mihatsch, 2020).

La evolución de los marcadores pragmáticos, es decir, la pragmaticalización, es un tipo de procedimentalización que lleva a la pérdida del significado conceptual del sustantivo y a la adquisición de funciones más abstractas y (aparte de la comparación y de la aproximación, que operan a nivel proposicional) pragmáticas.

Los ejemplos siguientes de ‘tipo’, tomados del subcorpus COLA de Buenos Aires, ilustran las distintas funciones mencionadas:

  • a) Categorización

  • cualquier tipo de auto camión

  • b) Comparación

  • libros pero si [sic] que son libros tipo Harry Potter o tipo de Borges o esos pelotudos

  • c) Aproximación semántica

  • no es tipo un tapado es tipo un no un sweater tipo montgomery

  • d) Atenuación del decir

  • sí pero ponéte [sic] m% tipo más acá

  • e) Aproximación numérica

  • volvemos. volvemos tipo a las once menos cuarto o menos diez

  • f) Focalización

  • porque es tipo así re linda

  • g) Ejemplificación/explicación

  • bueno tipo las de vocabulario así pero tipo la la pri% la de análisis sintáctico

  • h) Cita

  • conversando en el colegio [...] oh eh ah tipo hola hola quién sos

  • i) Estructuración textual/conector

  • entonces era un viernes y tipo llega a su casa y va a arreglar todo

Estos marcadores pertenecen al registro coloquial e informal, y en muchos casos están asociados al habla adolescente. El marcador más conocido y más intensamente estudiado de este tipo es el inglés like (Andersen, 2001; D’Arcy, 2017). D’Arcy (2017) ofrece un panorama sociolingüístico sobre el desarrollo diacrónico de este marcador pragmático, mencionando también casos análogos en otros idiomas como comme en francés canadiense (posiblemente influenciado por el inglés like) y otros, en su mayoría derivados de marcadores de comparación. Mientras que comme en francés europeo solo cubre una pequeña parte de las funciones enumeradas anteriormente (Mihatsch, 2010a), el español ‘como’ muestra una estructura altamente polisémica, aunque tampoco con todas las funciones de like, tanto en España como en América Latina (García & Manjón Cabeza, 1993; Mihatsch, 2009, 2010a; Kornfeld, 2013; Panussis-Lyon & San Martín Nuñez, 2017).

D’Arcy (2017) no menciona, sin embargo, los marcadores funcionalmente equivalentes basados en sustantivos taxonómicos como ‘tipo’ en diferentes lenguas o variedades románicas.5 ‘Tipo’ es un caso particularmente llamativo, ya que en varias familias lingüísticas europeas el préstamo del griego (pasando por el latín) adoptó las funciones señaladas en el siglo XX. Como hemos mostrado anteriormente (Mihatsch (2018a, 2018b, 2020) para un análisis comparativo entre el portugués europeo y el español peninsular), el origen del complejo de funciones que está en el centro de este estudio puede ser rastreado en fuentes relacionadas con la comparación, que es el punto de partida de todas las demás funciones. La base comparativa es menos evidente para sustantivos taxonómicos como ‘tipo’ en comparación con ‘como’. Sin embargo, como hemos argumentado anteriormente (Mihatsch (2018a, 2018b, en prensa) y, por supuesto, los trabajos de Voghera, por ejemplo, Voghera, 2013), el proceso es el siguiente: ‘X ‘es del tipo de’ Y’, es decir, ‘X es de la misma categoría taxonómica implícita que Y’ crea una categoría superordinada implícita ad hoc a base del miembro de categoría ejemplar Y (Mauri, 2017, acerca de las estrategias lingüísticas para crear categorías ad hoc, y Mihatsch (en prensa) sobre la trayectoria análoga del francés genre).

Esta construcción se reanaliza fácilmente como una construcción que señala comparación y similitud, ya que es parafraseable como ‘X pertenece a la misma categoría que Y’, es decir, X e Y se interpretan como cohipónimos que necesariamente comparten rasgos y pertenecen a una misma categoría superordinada, lo que lleva al atajo ‘X es como Y’.

Estas construcciones se reanalizan, pues, muy fácilmente como comparaciones por semejanza. Según Haspelmath y Buchholz (1998), este tipo de construcción comparativa (p. ej., ‘María es como su madre’) establece una relación de semejanza global y, por tanto, siempre algo aproximada, mientras que la comparativa de ecuación expresa un grado de intensidad o cantidad idéntico (p. ej., ‘María es tan alta como su madre’). Las construcciones comparativas por semejanza pasan luego a señalar imprecisión o atenuación de lo dicho.

La comparación por semejanza o ‘similativa’ es, precisamente, la base de todas las funciones mencionadas arriba, dado que suele corresponder a una similitud parcial aproximativa. Sintácticamente, la construcción completa ‘X ‘del tipo de’ Y’ se reduce a ‘X ‘tipo’ Y’. El empleo preposicional de ‘tipo’ puede reanalizarse como expresión aproximativa adverbial: en ‘no es tipo un tapado’ (v. ejemplo c), ‘tipo’ presenta ambigüedad entre un uso preposicional y uno adverbial.

La hipótesis de partida de este trabajo es que los marcadores ‘rollo’, ‘onda’ y ‘corte’ también atravesaron un proceso de procedimentalización reciente comparable al de ‘tipo’.

Los pasos siguientes, que no constituyen el foco del presente estudio, llevan desde la comparación a la ejemplificación y desde la comparación a la atenuación del decir, valores que surgen mediante implicaturas a partir del uso de expresiones comparativas. La ejemplificación establece un lazo entre una categoría y un miembro de la misma elegido de manera aleatoria a través de la comparación, como en ‘una tendencia reciente en la alimentación es utilizar los llamados superfoods como chia, spirulina o gojis’.

Los usos como marcadores de cita y estructuradores (o marcadores discursivos en un sentido estricto, es decir, marcadores que establecen relaciones secuenciales entre distintas unidades discursivas (Fraser, 1999) derivan muy probablemente de la ejemplificación (Mihatsch, 2018a, 2018b). Las aserciones y los actos directivos que contienen marcadores de aproximación poseen generalmente una fuerza ilocutiva atenuada en comparación con los actos de habla sin expresiones de imprecisión. Así, la aproximación es una estrategia discursiva para reducir el grado de responsabilidad por el contenido de una aserción, empleada a menudo en contextos con posibles evaluaciones negativas o que supongan una amenaza de la imagen, en el caso de los actos directivos. Si las expresiones en cuestión se reinterpretan como atenuadores, pueden señalar atenuación sin aproximación, como muestra el ejemplo siguiente:

(1) yo también pero me fui porque tipo me harta tipo la pibita ella ahí (ColaBA)6

La atenuación pragmática, a diferencia de la aproximación, no opera en el nivel proposicional, sino en el nivel de la ilocución. A su vez, por su asociación con posiciones remáticas, los atenuadores pueden reinterpretarse como marcadores de foco no contrastivo y su efecto de distanciamento metalingüístico en contextos de cuantificación numérica puede reanalizarse como imprecisión (Mihatsch, 2018a, 2018b; Beeching, 2016, sobre la polisemia o polifuncionalidad de marcadores de atenuación del inglés y Borreguero Zuloaga, 2020; Méndez, 2016 sobre ‘en plan’).

Como se muestra en Mihatsch (2018a, 2018b, 2020), es posible establecer un mapa semántico (Haspelmath, 2003, sobre la elaboración y los objetivos de los mapas semánticos) que refleja los posibles lazos diacrónicos entre las distintas funciones originalmente relacionadas por implicaturas y hoy generalmente convencionalizadas. Las funciones más abstractas y más vinculadas con el contexto discursivo a la derecha del esquema son las más procedimentalizadas:

Figura 1

Mapa semántico del complejo aproximación/atenuación/focalización/citación.

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El foco de este estudio se pondrá en los primeros pasos desde la categorización a la comparación y desde la comparación a la aproximación (o atenuación de lo dicho)7, y en los registros y contextos discursivos en los cuales evolucionan, ante el trasfondo de un uso actual claramente coloquial oral.

El trabajo se sitúa en el ámbito de los estudios de la atenuación con un enfoque discursivo que sigue las pautas del grupo Val.Es.Co y Es.Vag.Atenuación y adopta la perspectiva teórica de los trabajos de corte funcionalista en el ámbito de la gramaticalización y de la pragmaticalización, en los cuales destaca el papel de las implicaturas e inferencias invitadas y los contextos discursivos y textuales como motor de cambio (Traugott, 2019, para un estado actual de la cuestión).

2. Metodología: Bases empíricas para el estudio de la microdiacronía de marcadores pragmáticos coloquiales

La noción de microdiacronía para designar cambios dentro de un período muy corto y reciente, un enfoque iniciado por Labov (1994) en el ámbito fonético y fonológico, ha ganado terreno en los últimos años, con un nuevo foco en el estudio de procesos de pragmaticalización en la oralidad de los últimos decenios. Gracias al creciente interés en este campo, disponemos ahora de reflexiones metodológicas muy valiosas en este campo de investigación (Siouffi, Steuckardt & Wionet, 2012; Pons Bordería, 2014). Particular mención merecen los corpus del francés ESLO 1 y ESLO 2, creados justamente como recursos para llevar a cabo estudios microdiacrónicos. Para el castellano no disponemos de un corpus oral equivalente que cubra dos períodos, ya que escasean los datos orales coloquiales anteriores a los años 1990, pero el corpus Val.Es.Co representa un hito, y para el siglo XXI ya disponemos de datos orales coloquiales de distintas variedades diatópicas cuantitativamente más importantes, como los de AMERESCO, COLA, C-ORAL-ROM, y también parte del CORPES. Por lo tanto, los corpus actualmente disponibles solo permiten estudios diacrónicos de fenómenos como los aquí abordados muy restringidos en tiempo real, es decir, análisis basados en la comparación de datos de dos o más períodos diferentes en el tiempo.

Sin embargo, la existencia de datos sincrónicos contemporáneos procedentes de hablantes de distintas generaciones nos podría permitir llevar a cabo un estudio en ‘tiempo aparente’, es decir, un estudio sincrónico de las diferencias entre distintas generaciones (Labov, 1994; Sankoff, 2006, para un estado de arte). Esta noción se basa en la suposición de que los hablantes tienden a crear y a adoptar innovaciones lingüísticas en su niñez y sobre todo en la adolescencia, y con el tiempo se vuelven lingüísticamente más conservadores (Sankoff, 2006, para un resumen de la problemática de datos en tiempo real y en tiempo aparente). Por lo tanto, los usos actuales de hablantes mayores menos innovadores y más conservadores en los corpus orales pueden mostrar patrones más antiguos.

Una alternativa metodológica relacionada con la anterior es trabajar con encuestas basadas en juicios de aceptabilidad realizadas entre hablantes pertenecientes a distintos grupos etarios en un momento dado, permitiendo así un estudio de aceptabilidad en tiempo aparente.

Los comentarios metalingüísticos (véase, por ejemplo, Lebsanft, 1997), tanto de expertos como de hablantes sin formación lingüística, pueden también contribuir al estudio microdiacrónico en tiempo real o en tiempo aparente, aunque estos datos se deben manejar con la debida precaución, puesto que interfieren en ellos cuestiones de prescriptivismo y la percepción subjetiva de los autores de los comentarios. Para el estudio de la microdiacronía es particularmente pertinente la percepción metalingüística de la diacronía de los hablantes mayores, ya que, tal como señalan Flydal (1952) y Coseriu (1988), tienen cierto grado de conocimiento explícito de la profundidad diacrónica de su lengua o variedad, especialmente dentro de su propio período de vida. Este conocimiento lingüístico lego, utilizado hasta ahora principalmente para el estudio de la variación diatópica en el contexto de la dialectología perceptiva (Krefeld & Pustka 2010; Caravedo, 2014), apenas ha sido considerado en la investigación sobre el cambio lingüístico. Dado que los marcadores pragmáticos tienden a ser percibidos conscientemente y también comentados y evaluados (en muchos casos criticados) por los hablantes (a menudo se les llama peyorativamente ‘muletillas’), entran en la categoría de estereotipos sociales de Labov (1972). Sin embargo, estos datos tienen sus limitaciones, ya que la percepción es subjetiva y la memoria no siempre es fiable. Especialmente los fenómenos coloquiales son a menudo considerados más recientes de lo que realmente son (Zwicky, 2007, acuñó el término recency illusion). Un estudio piloto propio muestra que mientras que la mayoría de los entrevistados de Buenos Aires considera que el marcador ‘tipo’ es una innovación de los años 60 y 70, uno de los informantes, nacido en 1941, considera que es un fenómeno del siglo XXI.

Por último, podemos aprovechar ciertos datos disponibles en tiempo real si consideramos elementos coloquiales en textos escritos, como obras de teatro o diálogos de novelas, es decir, textos de oralidad (e informalidad) fingida (López Serena, 2007).

En síntesis, para el estudio de la microdiacronía de expresiones coloquiales de los últimos cincuenta años, frente a la falta de testimonios orales informales anteriores a los años 1990, se requiere una combinación de datos complementarios y en algunos casos indirectos; en palabras de Labov (1994), se trata de recurrir al arte de sacar el mejor provecho de datos defectuosos.

En este estudio nos basamos en los datos diacrónicos de tiempo real, es decir, procedentes de diferentes momentos, de los corpus CDH y CORPES, de la Real Academia Española. La ventaja de estos corpus es la gran diversidad de registros y géneros discursivos que incluyen, aunque son escasos los datos orales coloquiales, sobre todo en el CDH. Trabajaremos asimismo con una pequeña selección de metacomentarios ilustrativos, datos analizados en investigaciones previas que se indicarán en cada sección y los primeros resultados de un estudio piloto de una encuesta de juicios de aceptabilidad en diversas variedades diatópicas del español (Argentina, España, México, Perú y Venezuela). Para los marcadores ‘tipo’, ‘onda’, ‘corte’ y ‘rollo’ hemos realizado una encuesta piloto basada en juicios de aceptabilidad para las distintas funciones descritas en la sección 1 con el apoyo de varios miembros del grupo Es.Vag.Atenuación. A partir de estas primeras observaciones, metacomentarios y los pocos análisis existentes, se efectuó un análisis de los corpus de la RAE partiendo de los primeros textos del CDH desde la Edad Media y avanzando en el tiempo, pasando en algunos casos al CORPES, el corpus académico del siglo XXI. Se han buscado los primeros pasos de cambio funcional que van desde los sustantivos ‘tipo’, ‘onda,’ ‘corte’ y ‘rollo’ hacia la función de comparación por semejanza (X ‘tipo/onda/corte/rollo’ Y) y usos aproximativos, con un especial interés en la asociación de los empleos con distintos registros, dominios y , en menor grado, géneros discursivos.

Los análisis realizados para este estudio son puramente cualitativos y exploratorios, pero sistemáticos. Efectuamos una búsqueda sistemática y exhaustiva de las formas que nos interesan, desde los testimonios más antiguos de los sustantivos hasta los primeros usos con valor comparativo y aproximativo.

La transición diacrónica entre la comparación y la aproximación no es un fenómeno reciente. El marcador de atenuación ‘como’ puede hoy desempeñar la mayoría de las funciones mencionadas arriba en el español peninsular oral actual (según un análisis de datos orales de C-ORAL ROM, desde los 1990 en adelante; Mihatsch (2010b, 2020) para el uso en el lenguaje juvenil (Jørgensen & Stenström, 2009) y en las variedades latinoamericanas (Kornfeld, 2013). Al igual que otros marcadores de esta red de funciones, ‘como’ es objeto de críticas metalingüísticas, como se puede apreciar en un comentario de Miguel Ángel Mendo, escritor y guionista nacido en Madrid:

“Por una parte [como] facilita y promueve la inexactitud y la pereza al expresarse ("era como azul"), por otro suaviza y ablanda lo que se dice, emborrona los contornos, puesto que acaba por no definir nada de manera clara y tajante ("era como muy estúpido"). Este rasgo de indefinición deja traslucir esa famosa desidia, falta de implicación y superficialidad que suele confundirse con la elegancia. […]

Como muletilla puede llegar a ser enfermiza, puesto que puede colocarse delante de cualquier adjetivo, sustantivo o frase adverbial. Se puso de moda en los noventa entre la juventud pija, hasta tal punto que bastaba con utilizarla dos o tres veces para caricaturizarlos.

( https://www.fundacionlengua.com/es/como-muy/art/2488/, página consultada el 20/01/2020)”

La función de la cual nace la aproximación en el caso de ‘como’ (que a su vez lleva a la atenuación) es la construcción comparativa por semejanza, que expresa una comparación global de dos entidades y conlleva la idea de similitud parcial y de aproximación. Tanto nuestro propio análisis de corpus (Mihatsch, 2010a) como los ejemplos de la literatura muestran que el marcador ‘como’ no proviene de ámbitos puramente orales y coloquiales, sino que aparece con la función de aproximación en la Edad Media (Cano Aguilar, 1995) cuando se requieren categorizaciones aproximadas, como a menudo se documenta en los relatos de descubrimientos y en tratados científicos:

(2) Dellas ay que son de color muy uermeias. & dellas blancas. & otras como amariellas (CDH, Alfonso X (c1250): Lapidario)

La función atenuadora se observa hoy en el lenguaje coloquial oral:

(3) ROS: no // pero / estoy un poco como / mosqueada // porque / ya estoy un poco harta de quedar con él... (C-ORAL-ROM, Rosa (2001): Conversación sobre vacaciones, cotilleo y otros amigos, España)

Según mi análisis (Mihatsch, 2010a, 2010b, 2020), el ‘como’ peninsular cubre hoy más funciones que la expresión equivalente en las otras lenguas románicas, pero menos que el inglés like. No sabemos, sin embargo, en qué registros (y géneros discursivos) y cuándo surgen exactamente los usos como marcador pragmático derivado de los empleos antiguos como aproximador. Queda un eslabón perdido en la diacronía de ‘como’ entre los usos de aproximador medieval y los de atenuador y muletilla. Como un análisis pormenorizado del marcador ‘como’ nos obligaría a hacer un estudio de macrodiacronía, nos abstendremos de hacerlo aquí.

3. El rastreo cronológico de los orígenes de los marcadores de atenuación en el CDH y en el CORPES

3.1. La aparición del marcador de atenuación ‘tipo’

La observación crítica de Miguel Ángel Mendo acerca de los usos de ‘como’ en español peninsular (la sección anterior) se extiende a ‘tipo’:

“También, aunque cursi, resulta elegante y lustrosa esta expresión recurrente, intelectualoide evolución de la anterior ‘como muy’, con un uso y unas connotaciones bastante semejantes. Son los mismos usuarios, sólo que han crecido y han ido a la universidad (privada). ( https://www.fundacionlengua.com/es/tipo-tipo/art/2489/, página consultada el 20/01/2020)”

Un uso creciente y estigmatizado como muletilla (específicamente, algunos de sus empleos como marcador pragmático) también se observa en México, como se ve en el testimonio siguiente de 2007:

*La multilla [sic] “tipo” Esta muletilla tiene relativamente poco tiempo de haberse expandido, sobre todo por la raza fresa. Está tan de moda que para todo tienen que anteponerla. Ej. -Fuimos a un rancho, tipo como cuando fuimos al final del semestre en tu rancho. ( https://www.chicaregia.com/2007/01/muletillaslatiguillos-favoritas-de-los-regios/, página consultada el 20/01/2020)

También se está estableciendo en Perú:

Recientemente, y cada vez más, se oye el uso indiscriminado de la locución tipo que en las conversaciones de adolescentes peruanos de clase media, especialmente entre mujeres. La expresión resulta llamativa por dos razones: la frecuencia amplia de su uso y su significado nulo. Así, se trata de un problema clásico de muletilla. ( http://udep.edu.pe/castellanoactual/una-nueva-muletilla-tipo-que/, página consultada el 20/01/2020)

Según mis análisis de los corpus orales entre los años noventa y principios del siglo XXI (C-ORAL-ROM y el corpus de lenguaje juvenil COLA), el marcador ‘tipo’ no se usaba en el español peninsular coloquial y tampoco en el subcorpus chileno del COLA, pero sí, por ejemplo, en el español argentino (Kornfeld, 2013; Mihatsch, 2018a, 2018b, 2020). En español peninsular únicamente se observaba en contextos todavía cercanos a la construcción de origen: ‘SN1 del tipo de SN2’. Sorprendentemente, en una miniencuesta que realizamos en la UAM (Madrid) en 2018 entre 17 estudiantes, pudimos observar que los jóvenes usan ‘tipo’ con la mayoría de las funciones pragmáticas enumeradas arriba. La misma encuesta con un número más reducido de hablantes de Argentina, México, Perú y Venezuela, realizada con el apoyo de varios miembros del grupo Es.Vag.Atenuación, muestra que ‘tipo’ cubre todas las funciones mencionadas en estas variedades, si bien algunas de ellas se observan más bien en el lenguaje juvenil.

El significado del sustantivo ‘tipo’ a partir del cual se desarrolla la función atenuadora es taxonómico, análogo al de ‘especie’, ‘género’, ‘suerte’, ‘clase’ y ‘categoría’. Como la mayoría de los otros sustantivos taxonómicos, es un latinismo (en este caso, un latinismo con raíces griegas), pero a diferencia de los otros nombres de este grupo, es reciente (Mihatsch, 2018a, 2018b), ya que el significado taxonómico deriva de uno más antiguo tomado del griego: ‘modelo’, ‘ideal’, ‘ejemplar típico’ (DCECH, s.v. ‘tipo’). El desplazamiento metonímico de representante prototípico de una categoría a la noción de categoría es pequeño.8 El primer ejemplo con el significado de ‘categoría’ se encuentra posiblemente en una edición crítica de 1606, que, según el editor, respeta el léxico del texto original (Pujana, 2004):

(4) Considerar el tipo de abstinencia

Pues digo que hay muchas maneras de abstinentes, para que se vea a cuáles se ha de acudir con esta dispensación y de cuyas quejas y querellas no se ha de hacer caso. (CDH, García Gómez, J. (1606): La regla de la orden de la Santísima Trinidad, España)

Los usos categoriales inequívocos aparecen a mediados del siglo XVIII en construcciones con interrogativos o cuantificadores en textos eruditos:

(5) César, por lo menos, no la juzgaba tal, pues preguntándole en una ocasión qué tipo de muerte eligiría, respondió que la inopinada. (CDH, Feijoo, B. J. (1753): Cartas eruditas y curiosas (…) IV, España)

(6) Con todo, no podemos negar que en estos tiempos son pocos (si los comparamos con los que antaño hicieron famosa nuestra España en todo tipo de saberes) los que se consagran al estudio de las letras cultas, y menos aún los que conocen el griego. (CDH, Luzán, I. (1742): Defensa de España y participación en la campaña contra Gregorio Mayans, España)

Las primeras ocurrencias de las construcciones que se aproximan al uso comparativo (‘X del mismo tipo que Y’) datan de finales del siglo XIX en los tratados técnicos y presentan una estructura apositiva, es decir, ‘SN1 (del) tipo (de) SN2’, donde SN2 se refiere a la categoría misma a la que pertenece SN1 (y no a una categoría superordinada ad hoc), un uso típico en registros formales como, por ejemplo, en textos técnicos:9

(7) M.J. Farcot, ingeniero jefe de la casa Farcot, ha hecho experimentos especiales para buscar de nuevo cuál era en las máquinas tipo Corliss (CDH, Molinas, J. (1885): Tratado de maquinaria y de aparatos industriales, España)

Aquí todavía se reconoce el significado de ‘modelo’, que es fundamental en el siglo XIX con el auge de la ingeniería y el desarrollo de máquinas a partir de prototipos particulares. Junto a los empleos en el ámbito técnico, ‘tipo’ se usa en la caracterización de personajes, también referido a prototipos, un rasgo típico del realismo por su afinidad con las ciencias sociales y el afán de categorización física, psicológica y social, como se observa en (8), donde la baronesa se asigna a la categoría de las mujeres marchitas:

(8) - Bien: la Baronesa del Cedro: treinta y cinco años...; tipo fané...La acepto. (CDH, de Alarcón, P. A. (1852-1882): Relatos, España)

También a finales del siglo XIX surgen, sobre todo en textos de especialidad, los primeros usos de la construcción de categorización ad hoc ‘SN1 del tipo de SN2’, parafraseable como ‘SN1 de la misma categoría que SN2’, que a su vez se reinterpreta fácilmente como construcción comparativa de dos entidades correspondientes al mismo nivel de generalización. Llaman la atención, por otro lado, los nombres propios que siguen a ‘tipo’, que impiden excluir un uso ambiguo entre el de prototipo que representa una categoría explícita (‘la categoría que se llama SN2’) y que se expresa en una estructura apositiva, y el de ejemplo (entre otros posibles) a partir del cual se establece una categoría superordinada implícita ad hoc:

(9) En Extremadura el concejo colectivista del tipo de Sayago debe ser muy frecuente, o quedar importantes restos de él [...] (CDH, Costa, J. (1898): Colectivismo agrario en España, Madrid)

Otras referencias a Sayago10 en el mismo texto apoyan la segunda interpretación y hacen menos plausible su interpretación como etiqueta establecida de una categoría derivada de un prototipo.

El ejemplo siguiente no es ambiguo porque no refiere a un prototipo, sino que establece una relación comparativa:

(10) La cabria movida por vapor y con infinito que damos en la lámina 70 y 71, es del tipo de las adoptadas é instaladas á bordo de los paquetes de la Compañía Trasatlántica Francesa para la carga y descarga de mercancías. (CDH, Molinas, J. A. (1885): Tratado de maquinaria y de aparatos industrials, España)

El siguiente ejemplo también es inequívoco, ya que la frase comparativa ‘como el que se usa’ indica una categoría más general que la de la pescadilla:

(11) Para esta sopa hace falta pescado vario y menudo, que no sea azul: pescado del tipo de la pescadilla, como el que se usa para la sopa rape. (CDH, Pardo Bazán, E. (1913): La cocina española antigua y moderna, España)

La aproximación se expresa de manera directa en el ejemplo (12), en el que se combina ‘tipo’ con la expresión ‘más o menos’, que indica imprecisión, y en (13), en combinación con ‘más bien’, en los dos casos sin la preposición ‘de’:

(12) No cabría dialéctica positiva, solamente sería posible una dialéctica demoledora y negativa, una dialéctica invertida, más o menos tipo Heidegger. (CDH, García Bacca, J. D. (1940-1942): Invitación a filosofar, España)

(13) el asado no era un modelo de asado en cantidad y calidad - era, más bien, tipo suela, muy bueno para ejercitar la dentadura - (CDH, Rojas, M. (1951): Hijo de ladrón, Chile)

Los primeros usos pragmaticalizados11 surgen probablemente en el lenguaje coloquial oral en el último tercio del siglo XX, según una encuesta piloto realizada por mi colaboradora Ana Vazeilles en 2018 en Buenos Aires: la gran mayoría de los seis hablantes mayores encuestados nacidos antes de 1950 supone un origen del marcador en los años 60 o 70. Falta, pues, el eslabón perdido entre los usos comparativos en registros formales en textos técnicos y literarios, y los usos pragmaticalizados con valor atenuativo propios del lenguaje coloquial. Teniendo en cuenta, por un lado, el posible origen técnico o culto asociado con la idea de un prototipo que actúa como representante de toda la categoría, como en los ejemplos (7), (9), (10), (11), y (12), y, por otro lado, el papel de la clase media alta y los ‘pijos’ en la creación y propagación de la ‘muletilla’ que destacan los metacomentarios al inicio de esta sección, se puede pensar en una coloquialización, un paso del ámbito culto de una construcción del lenguaje técnico escrito al lenguaje coloquial al inicio del proceso de pragmaticalización, quizá para presumir. Será necesario investigar qué ámbitos técnicos o de especialización de moda entre los jóvenes de la clase media alta sirvieron de catalizadores a partir de mediados del siglo XX.

3.2. La evolución del marcador ‘onda’

En algunas variedades latinoamericanas, ‘onda (que)’ es un cuasisinónimo del marcador de atenuación ‘tipo (que)’. Según nuestro estudio piloto, se usa en México, Argentina y Chile, pero no en Venezuela y España (sobre el marcador ‘onda’ en el español chileno y argentino, Rojas Inostroza, Rubio Núñez, San Martín Núñez & Guerrero González, 2012; Kornfeld 2013 12). Algunas funciones pragmáticas se observan en el subcorpus chileno del corpus COLA, pero no en el subcorpus argentino, posiblemente porque se trata de un fenómeno más reciente en esta variedad.

El contexto puente (bridging context según Heine, 2002) que lleva desde la función de sustantivo a la de marcador -mediante una implicatura- no está aclarado. Sin embargo, lo más plausible es un desarrollo basado en significados de ‘onda’ que denotan matices, perspectivas o un ambiente y que conducen a la pragmaticalización a través de una construcción análoga a la postulada para la fase inicial de ‘tipo’. Se mostrarán ocurrencias de corpus que apoyan esta hipótesis.

El rastreo efectuado en la totalidad de los textos que conforman el CDH para detectar los primeros registros de ‘onda’ que preparan el terreno para los empleos como atenuador no da resultados hasta el siglo XIX. En aquella época surgen usos metafóricos para designar emociones (como en ‘onda de tristeza’) y usos científicos y técnicos en el caso de la ‘onda de radio’ y la ‘onda electromagnética’, pero también para referirse a las vibraciones y la trasmisión de impulsos nerviosos, un uso que podría llevar al significado de ‘aura’ o ‘karma’, es decir, un campo energético espiritual invisible, pero concebido como real en ciertas corrientes esotéricas como en ejemplo siguiente:

(14) Si el individuo se mantiene en el circuito de la energía positiva, cuando estás en “buena onda”, una foto especial con cámara Kirlian proyecta un resplandor blanco-azulado-dorado. Y si es muy extenso, “probablemente transmitas mucha positividad a lo que te rodea”. (CDH, Proceso, 14/07/1996, México)

La coocurrencia de ‘onda’ en (15) con ‘vibraciones nerviosas’ y ‘acción magnética’, en (16) con el verbo de movimiento ‘recorrer’ y el adjetivo ‘eléctrico’, en (17) con ‘vibrar’ y ‘efluvio’ apoya la existencia de esta red de significados:

(15) A tales horas, excitado por el trabajo, sentía febril entusiasmo; había algo de convulsivo y epiléptico en aquella onda de vibraciones nerviosas que de su cerebro saliera, viniendo a morir en su epidermis. Su sangre era lumbre; el pulso se aceleraba, corría, como viajero impaciente de llegar a alguna parte. Su fantasía poderosa se encendía a la acción magnética de aquel estilo ampuloso y calderoniano. (CDH, Pérez Galdós, B. (1883): El doctor Centeno, España)

(16) Los sábados, generalmente, se organizan fiestas. La alegría recorre como una onda eléctrica la Mangachería, Castilla, la Gallinacera, las chozas de la orilla del río. (CDH, Vargas Llosa, M. (1966): La casa verde, Perú)

(17) [...] pues puede decirse, que entre apóstrofes y silbidos, vibraba una onda cariñosa, efluvio de la atracción que el torero ejercía y de la simpatía que el público atesoraba. (CDH, Córdoba, J. del (1945): Las grandes figuras del toreo, México)

La presencia de ‘onda’ en una comparación explícita en (16) y el comentario metalingüístico ‘puede decirse’ en (17) sugieren empleos todavía no habituales, y los géneros y registros de los textos apuntan hacia usos más bien cultos, aunque ya no técnicos. Estas ocurrencias no ofrecen, pues, indicios de un origen coloquial. Los usos coloquiales parecen ser un calco del inglés vibe, a su vez documentado con el significado de ‘sentimiento, karma, aura’, sobre todo a partir de los años sesenta, en el contexto de las contraculturas de la época. Estos usos parecen tener antecedentes más antiguos en el inglés, ya que en el OED se cita un ejemplo temprano (1899) de vibrations (véase también el uso equivalente de ‘buenas vibras’) en este sentido en Oscar Wilde:

(18) There is very little music in the name Jack, if any at all, indeed. It does not thrill. It produces absolutely no vibrations. (cf. O. Wilde (1899): Importance of being Earnest,OED, s.v. vibration)

A partir de ahí, en distintas variedades coloquiales del español, ‘onda’ desarrolló sus propias extensiones semánticas independientes del inglés como ‘estilo’, ‘actitud’ o ‘perspectiva’ y ‘corriente’13:

“En México [onda] se empezó a emplear coloquialmente a principios de los años 1960 y desde un principio resultó un verdadero complejo de significados. Podía ser un plan, un proyecto, una posibilidad (“vamos a agarrar esta onda”) […] o el espíritu de los tiempos (“la onda presente es la del personal docente”) […], una manera de ver el mundo o el arte (“la onda de Marcel Duchamp”), […] o matices de las cosas (“ésta es una onda dentro de la misma onda”). (Agustín 2004: 12-13)”

Como Agustín, la Academia Mexicana de la Lengua subraya el origen coloquial de la voz en cuestión en el marco de la corriente de La Onda, pero también señala el enigma de la evolución exacta y sugiere una posible fuente primaria en usos científicos:

¿Cuál es el origen de la expresión qué onda ?

¿Qué onda? al igual que muchas frases formadas con la palabra onda (agarra la onda, estar fuera de onda, cuál es la onda¸ ser bueno(a)/mala onda)- son creaciones propias del lenguaje oral coloquial, por lo que su origen es incierto. En textos escritos, empieza a utilizarse desde mediados del siglo XX por los escritores mexicanos de la llamada Literatura de la Onda, que plasmaban un lenguaje más popular y propio de los jóvenes de esa época. Ignacio Trejo Fuentes en su artículo “La literatura de la onda y sus repercusiones”, en Tema y variaciones de literatura (México: UAM, 2014), señala que “los jóvenes, especialmente los capitalinos de la década de los sesenta usaron como muletilla la palabra onda en diferentes expresiones para referirse a cierta pertenencia, a un estatus determinado, a algún estado de ánimo o a la correspondencia con una frecuencia”, como estar en sintonía con alguien o con algo. Así, es posible que uno de los orígenes de la palabra onda y las frases con esta voz hayan surgido de la relación metafórica entre el significado de onda en el ámbito científico, ‘movimiento periódico que se propaga en un medio físico o en el vacío’ [Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española (Madrid: Espasa Calpe, 2014)], y el sentido que se le quería dar a los usos de esta palabra en un movimiento cultural específico, como señala Margo Glantz en su texto “La onda diez años después: ¿epitafio o revalorización?” (México: Centro de Investigaciones Lingüístico-Literarias/Universidad Veracruzana, 1976): ( https://www.academia.org.mx/espin/respuestas/item/que-onda, página consultada del 31 de enero de 2020)”

Los participantes de la generación mayor que tomaron parte en nuestra miniencuesta también asociaron los significados coloquiales de ‘onda’ con el movimiento hippie. Los usos como marcador parecen haber evolucionado más tarde y, según el mencionado estudio, se asocian hoy con el lenguaje juvenil.

Para resumir, la proliferación de significados de ‘onda’ a partir de los años sesenta y los contactos intensos entre las contraculturas estadounidenses y mexicanas son argumentos que apuntan a un calco del inglés que adquiere nuevas acepciones en el español coloquial, pero las ocurrencias anteriores a los años sesenta en el español apoyan la hipótesis de una convergencia de usos que se originan en el español y que reciben posiblemente la influencia del inglés vibe. Moscoso (1972) comenta un uso innovador de los años setenta:

(19) Los jóvenes ya no se acuerdan de ciertas frases familiares que las han reemplazado con sus propias nuevas fórmulas: Entre tantas, señalaremos ésta: estás fuera de onda, es decir, distraído, desorientado, turbado, etc., etc., que antes se significaba con „estar en la Luna" y nuestros abuelos lo expresaban con la locución "irse por los cerros de Ubeda [sic]" o "echar por los cerros de Ubeda [sic]". (CDH, Moscoso Vega, L. A. (1972): Hablemos y escribamos, Ecuador)

Los primeros usos claramente coloquiales detectados en el CDH con el significado de ‘moda, espíritu, razón’, en muchos casos en expresiones fijas, se remontan a los años sesenta tanto en España como en Latinoamérica, lo que confirma esta observación:

(20) La pobre todavía no agarró bien la onda. En un trabajo de estricto automatismo, como éste, ella se cansa igual que en cualquier otro que la fuerce a pensar y a buscar soluciones propias. (CDH, Benedetti, M. (1960): La tregua, Uruguay)

(21) Así que la onda, chers enfants, era irse a Rumania y ponerse cero kilómetro. (CDH, Sábato, E. (1974): Abaddón el exterminador, Argentina)

(22) Cuando Victorito el del Pinillo se bebía unas copas, se tupí [sic] algo del sentido y cogía onda tardíamente. (CDH, Guerra Navarro, F. (1941-1961): Los cuentos famosos de Pepe Monagas, España)

(23) - El pobre está cada día más fuera de onda, ¿qué se debe de figurar? (CDH, Goytisolo, J. (1966): Señas de identidad, España)

Los primeros usos de caracterización y clasificación, antecedentes directos de los empleos comparativos y aproximadores (Figura 1), y que dan lugar a usos atenuantes, aparecen considerablemente más tarde en el CDH, a partir de finales de los ochenta en Latinoamérica, a menudo en el contexto de corrientes culturales juveniles o de adultos jóvenes:

(24) Al principio, yo siempre decía qué había que hacer y cuidaba todos los detalles, pero de pronto todos se agrandaron, onda aquel típico músico de rock argentino que después de dos actuaciones en - no sé - el Centro Parakultural se cree Dios. (CDH, Polimeni, C. (1991): Luca, Argentina)

(25) Le falta aún aprobar un examen de calidad que lo acredite, como al inglés, para cantar las supuestas bondades de una gaseosa o para poder designar productos que compongan el mal aliento o que sirvan para vestirse "onda casual"? (CDH, Quezada, M. (1992): El mensaje medio a medio, Chile)

En el CORPES se documentan usos claramente comparativos (26) y aproximativos (27). En (27), curiosamente en un contexto claramente formal, ‘onda’ se utiliza incluso para dar una indicación temporal, que, según el mapa presentado en la FIigura (1), se deriva de la atenuación:

(26) me quedé sentadita en la silla, onda cuidadora de baños, con la imagen modificada por completo (CDH López, A. (2001): La asesina de Lady Di, Argentina)

(27) Se realizaron dos actualizaciones diferentes. Una para el año 2003 (onda mayo) y la otra para el segundo semestre del año (CORPES, PNUD (2004): Microfinanzas en La Argentina, Argentina)

Los usos atenuantes y otras funciones que van más allá de la comparación, la aproximación y la ejemplificación/ilustración, es decir, las más pragmaticalizadas, se documentan en los pocos trabajos existentes diez años más tarde (Rojas Inostroza et al., 2012; Kornfeld, 2013). Dichos usos aparecen en el subcorpus chileno del COLA (pero no en el argentino y en el peninsular) y, por lo menos para el subcorpus argentino de datos orales, todavía no se observan en el CORPES, según nuestro análisis.

3.3. El caso de ‘corte (que)’ en el español bonaerense

En el español de ciertos grupos de jóvenes bonaerenses de nivel social más bien bajo, ‘corte (que)’ comparte las funciones de ‘tipo’ y ‘onda’ (Rojas, 2012); (28) muestra un uso ejemplificador:

(28) Y con San Jorge corte que zafábamos, íbamos a robar, nos recagábamos a tiros por todos lados (Míguez 2008 en Rojas 2012).

Según las encuestas realizadas por Ana Vazeilles en Buenos Aires en 2018 y sus entrevistas con seis hablantes nacidos antes de 1950, ninguno de los encuestados conocía el marcador ‘corte (que)’. Sin embargo, según Kaplan (2012), se encuentra entre las expresiones más frecuentes de las entrevistas realizadas a jóvenes de dos escuelas secundarias de la ciudad de La Plata. Kaplan (2012: 51) comenta que ‘corte (que)’ “significa ‘como’, es el equivalente a la muletilla ‘tipo que’ que emplean algunos jóvenes de clases sociales más altas, los ‘chetos’”. En una de las entrevistas realizadas por Kaplan (2012), un alumno destaca el origen carcelario de ‘corte’, también propuesto por Rojas (2012) siguiendo a Fritz, Southwell y Varela (2004: 120):

“E: ¿Vos sabes [sic] de dónde vienen estas frases?

A: Del penal, no sé…

E: Sí, de la cárcel. Se empiezan a escuchar frases que vienen del mundo tumbero dentro de las relaciones de ustedes…

A: Bueno, pero en el barrio nuestro es así.

E: ¿Por qué? ¿Porque estuvieron en la cárcel?

A: Y… un par sí, y otros porque de tanto escuchar, te sale solo, algunos te lo dicen hasta a propósito por el “corte”. Otros lo hacen para “colgarse el cartel”.

E: ¿Qué es el “corte”?

A: Es una palabra, como vos decís el “tipo” cuando hablás del cheto, es una palabra que viene de la cárcel. (Kaplan 2012: 51)”

Rojas (2012) documenta un uso en la serie Okupas, que se desarrolla en un ambiente marginal en el año 2000. Entre los marcadores analizados en este estudio, ‘corte (que)’ parece ser el más reciente y diastráticamente más restringido, y, según Rojas (2012), expresa comparaciones e introduce ejemplificaciones. Kornfeld (2013), por su parte, no menciona ‘corte’ y sus usos como marcador pragmático; tampoco aparecen en el subcorpus porteño de COLA ni figuran en el amplio Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE, 2010).

En nuestro análisis sistemático del CDH y del CORPES (la búsqueda cubre la totalidad de los textos hasta 1975, el subcorpus del CDH con datos argentinos entre 1975 y 2000, y el subcorpus argentino del CORPES para el siglo XXI), el uso más cercano a la comparación y a la aproximación es una acepción derivada del sustantivo deverbal ‘corte’ con el sentido de ‘acción y efecto de cortar o cortarse’, específicamente, ‘arte y acción de cortar las diferentes piezas que requiere la hechura de un vestido, de un calzado u otras cosas’ (DRAE), que deriva en ‘estilo, tipo de corte de una prenda’, documentado en el CDH a partir del siglo XVIII:

(29) La poca variedad que cabe en un zapato, así de corte como de costura y color, nos empobrece. (CDH, Cadalso, J. de (1774-1778): Cartas Marruecas, España)

(30) María dirigió a su hábito de merino negro una mirada de indignación que quería decir:«¿Por qué no eres de seda y de corte elegante y a la moda?» (CDH, Pérez Galdós, B. (1878): La familia de León Roch, España)

También a finales del siglo XIX se documentan usos generalizados que describen rasgos de fisionomía (31) y diseño (32), todavía en el ámbito de las formas del mundo concreto físico, para luego pasar a empleos más abstractos relacionados con la caracterización de la personalidad (33) y el estilo literario (34):

(31) Los ojos almendrados revelaban, remotamente, el prehistórico origen de la raza. Entre los párpados sin resalto, de corte exiguo, las pupilas aterciopeladas, nunca movidas por ninguna inquietud espiritual… (CDH, Zaldumbide, G. (1910): Égloga trágica, Ecuador)

(32) Era una galera de corte veneciano, con sesenta remos, tan ligera para navegar como fuerte para acometer y resistir. (CDH, Coloma, L. (1905-1907): Jeromín, España)

(33) Es ésta una sirena de más cuenta, una mujer de corte sthendaliano. Laura Roccanera es orgullosa y apasionada. (CDH, Andrenio (Gómez de Baquero, E.) (1926): De Gallardo a Unamuno, España)

(34) Que nuestro eminente poeta señor don Gaspar Núñez de Arce ha estigmatizado con la expresión desdeñosa de «Suspirillos líricos, de corte y sabor germánico exóticos y amanerados». (CDH, Campoamor, R. de (1879-1890): Poética. Polémicas literarias, España)

Típicamente, estos ejemplos que se acercan al semantismo de los sustantivos taxonómicos muestran modificación adjetival. Las primeras ocurrencias de ‘corte’ seguido por un SN en construcciones análogas a ‘X ‘del tipo’ de Y’ aparecen temprano en el siglo XX, con nombres propios o sustantivos que se refieren a tipos de personas:

(35) Estrada Cabrera hizo del mercado el centro político más poderoso de Guatemala. Intrigas de corte de verduleras, dignas de un Chilón elevado a César. (CDH, Asturias, M. A. (1927): « La cabecilla politico », Guatemala)

No sabemos cómo llega este empleo de ‘corte ‘ya comparativo (por semejanza y con un matiz aproximativo) del registro más bien formal de caracterización a los usos de aproximación y atenuación en el lenguaje carcelario porteño. Habrá que averiguar si hay convergencia con significados de la jerga del hampa, como en ‘corte de drogas’.

3.4. El marcador peninsular ‘rollo’

Según Cianca Aguilar y Gavilanes Franco (2018) y Méndez (2016), junto al uso coloquial arraigado de ‘rollo’ con el significado de ‘cosa aburrida’ y otros derivados, ha aparecido otro empleo muy reciente, equivalente a ‘tipo’ y ‘en plan’ en el argot juvenil peninsular, como en ‘una cazadora rollo’ vaquera. El DRAE, que no menciona ‘rollo’ como marcador de comparación/atenuación, recoge acepciones como, por ejemplo, ‘cilindro’, ‘rollo (de papel)’, ‘columna de piedra, ordinariamente rematada por una cruz, que antiguamente era insignia de jurisdicción y que en muchos casos servía de picota’14. Algunos de los usos coloquiales que menciona el DRAE, a saber, ‘discurso largo y pesado’ y, por extensión, ‘cosa o persona aburrida’ (que está en la base de empleos como palabra ómnibus ‘cosa/asunto’) y ‘mentira, historia inventada o falsa’ (y de ahí ‘relación amorosa, generalmente pasajera’), probablemente derivan originariamente de la acepción ‘rollo de papel’, relacionada con textos o discursos complejos. Cabe mencionar otro uso de ‘Rollo’ o ‘Rrollo’, que se refiere al movimiento de contracultura anterior a la Movida en España, posiblemente derivado de la acepción ‘marihuana’ (relacionada metonímicamente con el significado de ‘cilindro’) y, por extensión, ‘experiencia bajo la influencia de drogas’ (Valencia-García 2019), probablemente también relacionado con el rock’n’roll. A partir de ahí (posiblemente por convergencia con los usos coloquiales mencionados arriba) podría surgir el significado de ‘ambiente, estado de ánimo’, que lleva a usos caracterizadores, aunque, a diferencia de ‘onda’ y ‘corte’, ‘rollo’ no muestra un puente claro hacia ‘categoría/tipo’.

Por lo que respecta al momento de aparición de las acepciones coloquiales mencionadas arriba, según un comentario de Franscisco Ayala (nacido en 1906) sobre la película La vaquilla (1985), de Luis García Berlanga, todavía no se registraban en el período de la Guerra Civil:

(36) Tampoco hubieran podido usar la palabra rollo o el verbo enrollarse en el sentido con que se usan en estos días. Es el segundo ejemplo de vocablos anacrónicos oídos en La vaquilla. Entonces hubiera podido decirse disco, pero de un modo mucho más restringido (CDH, (1985): El País, España)

Los primeros usos documentados con el sentido de ‘discurso largo y pesado’, según la búsqueda sistemática en el CDH, surgen antes del movimiento Rrollo, por lo que parecen tener una evolución independiente del término que designa esta corriente contracultural.15 El siguiente comentario apunta hacia un uso acuñado en el ámbito de la radiofonía:

(37) … si los espacios o planos de que forzosamente ha de componerse, no tienen la jugosidad necesaria dentro de un compás de tiempo, siempre breve, su resultado será lo que, denominándose en terreno periodístico "ladrillo", radiofónicamente ha recibido el nombre de "rollo", conforme señalábamos al hablar del estilo literario del radiofonismo. (CDH, Arias Ruiz, A. (1955): Radiofonismo. Conceptos para una radiodifusión española, España)

Los usos coloquiales se documentan por primera vez en novelas de la misma época con un tono coloquial:

(38) Me llevó en él al hotel y me propuso dar una vuelta por el Paseo Nuevo a ver el mar. Fuimos, me volvió a enseñar la luz del faro de Biarritz y comenzó a soltarme un rollo tal que tuve que fingir un mareo para que me llevara al hotel. (CDH, Fernández-Flórez, D. (1950): Lola, espejo oscuro, España)

(39) ¡Bueno..., vaya un rollo! -decía, mirando rencorosamente a mi madrina, que intentaba convencerle de que no, de que la tal película era una delicada producción para minorías de René Clair... (CDH, Borita Casas (1953): Antoñita la fantástica y Titerris, España)

Las acepciones coloquiales parecen ser típicamente peninsulares (aunque también aparecen usos esporádicos en variedades latinoamericanas):16

(40) Además, si el turista, después de los años de dura prueba pasados en América, regresa esperanzado a España, se encuentra también con una serie de desencantos. Ni siquiera su lengua española es igual que la que él dejó. A cada paso se encuentra con expresiones que no conocía, o que antes tenían un ámbito más bajo o más limitado. (…) El rollo ha sustituido en gran parte a la lata: "Soltó un rollo espantoso", "¡Menudo rollo me colocó!" (el rollista está ocupando el lugar del pelmazo (CDH, Rosenblat, A. (1962): El castellano de España y el castellano de América. Unidad y diferenciación, Venezuela)

En Luz de la memoria (1976), Ortiz comenta el uso y abuso peninsular de rollo en los años setenta:

(41) Cuestión de enrollarse. Eso ha sido lo nuestro: estar en el rollo. Jo, no te enrolles; tienes rollo para rato. ¿A ver quién encuentra más acepciones? Todo lo nuestro es cuestión de rollo, ¿que os apostáis? En el sesenta y cuatro cuando alguien estaba en el ajo, en la cosa de la lucha, decíamos: ése también está en el rollo y, ¿qué decimos ahora, qué decís ahora cuando alguien le da al asunto: ese conoce el rollo, la gusta el rollo. Todo es cuestión de rollo, nuestro propio rollo. (CDH, Ortiz, L. (1976): Luz de la memoria, España)

En los años ochenta persiste un uso coloquial que se percibe como abusivo:

(42) JUAN.- Peor. Lo que has dicho es peor: «Vale, tío.» «No te enrolles, tronco.» «Eso no mola, cuerpo.» «¿Tienes tate, colega?» «Sí, titi, no me comas el coco...» Espantoso. Absolutamente espantoso.

  • RAFA.- ¡Apoyo la moción! ¡«Tío», paga cinco duros, «vale», otros cinco.

  • JUAN.- «Rollo», veinte.

  • JOSE.- (Escandalizado.) ¿Veinte?

  • JUAN.- Como mínimo.

  • ( CDH, Diosdado, A. (1988): Los ochenta son nuestros, España)

En los años noventa la acepción coloquial se introduce en el DRAE:

(43) “[...] Ejemplo de esto es la inclusión de términos como motero (apasionado por la moto), procedente del vocabulario juvenil", señala Fernando Lázaro Carreter, presidente de la RAE. Los términos colega, rollo o coñazo también han sido introducidos. (CDH, (1997): El País, España)

A finales del siglo XX y principios del siglo XXI, rollo’ sigue siendo una expresión coloquial marcada (y probablemente relacionada con corrientes de la contracultura), como lo indican las comillas en (44) y (45), y el comentario explícito en (46):

(44) Algo que han logrado tras muchos años de trabajo. Para lograr con los invitados esa complicidad y «buen rollo» que tanto le gusta, trata de hablar con todos antes de cada programa, otra de sus obsesiones son las reuniones de trabajo. (CDH, (1998): Telva, España)

(45) …si uno lo desea puede iniciar o mantener relaciones sociales con personas que, en su mayor parte, acuden allí «de buen rollo» (como se dice ahora). (CORPES, Tappe Martínez, J. (2001): «Efectos psicológicos positivos de la estancia en el medio montañoso», España)

(46) -¡Qué mal rollo...! -Arrepintiéndome en el acto de haberlo dicho, como bien puede imaginarse. Y ello por dos razones de peso: A: yo nunca suelo emplear ese tipo de palabras, como «rollo», y B: al decirla estaba refiriéndome no a su trabajo, sino a mí mismo y mi destino en los próximos minutos, pues eso sí lo veía mal. (CORPES, García Sánchez, J. (2003): Dios se ha ido, España)

No aparece en el COLA Madrid (ni en el subcorpus chileno, ni en el subcorpus argentino), que recoge datos del principio del primer decenio del siglo XXI. Los primeros empleos aproximativos y los usos comparativos equivalentes a ‘X ‘del tipo de’ Y’ se documentan alrededor del segundo decenio en el subcorpus peninsular del CORPES (en entrevistas, en textos de prensa de tono coloquial y en el ámbito de la música rock)17:

(47) […] baterías crudas y hasta algunas guitarras rollo Fugazi, pero también otra más arties. (CORPES, Alsedo, Q. (2008): «Electric President y Enon suenan a hoy», España)

(48) no sé / si es para estudiar / en plan rollo estudiar universidad hacer carrera prácticas tal // (CORPES Mujer, grupo de edad: 20-34, nivel de estudios: medio, estudiante. (2012): SCOM_M11_050, España)

La datación de las primeras ocurrencias de ‘rollo’ con valor comparativo en CORPES confirma las observaciones mencionadas al principio de la sección.

Conclusión

Si bien los orígenes léxicos de los marcadores coloquiales ‘tipo’, ‘onda’, ‘corte’ y ‘rollo’ parecen obvios, los distintos pasos seguidos por los cambios semánticos y funcionales continúan siendo enigmáticos. Este estudio ha indagado sobre esos recorridos a partir de un análisis sistemático de corpus en el que se rastrearon las primeras documentaciones de usos innovadores en el CDH y en el CORPES. Las búsquedas en los corpus han sido complementadas por el análisis de comentarios metalingüísticos y observaciones de trabajos anteriores. Los resultados arrojan luz sobre los primeros pasos que llevan desde los usos estrictamente nominales a empleos en construcciones comparativas en distintas variedades del español, desarrolladas a partir del valor categorizador y caracterizador de los sustantivos estudiados.

Mientras que los usos comparativos de ‘tipo’ surgen en tratados técnicos en registros formales a finales del siglo XIX, el ‘corte’ de comparación aparece en contextos claramente no coloquiales al inicio del siglo XX. En cambio, los primeros usos comparativos de ‘onda’ y ‘rollo’ pertenecen al registro coloquiual: ‘onda’ aparece a finales del siglo XX en Latinoamérica, a menudo en el contexto de corrientes de la cultura juvenil, y ‘rollo’ se documenta a partir del segundo decenio del siglo XXI en el subcorpus peninsular del CORPES en entrevistas, en textos de prensa de tono coloquial y en el ámbito de la música rock.

En el caso de ‘tipo’ y ‘corte’, llaman la atención los eslabones perdidos entre los usos en registros y ámbitos más bien formales y académicos, y los usos actuales, marcadamente informales, en muchos casos propios del lenguaje juvenil. En el caso de ‘onda’ y quizá ‘rollo’ -un poco menos plausible ya que ‘tipo’ está más establecido como marcador en Latinoamérica que en España-, parece posible una evolución análoga a la de ‘tipo’ hacia construcciones comparativas y las funciones pragmáticas derivadas, pero en el registro coloquial.

Se necesitarán más estudios para aclarar las numerosas preguntas surgidas en el curso de este trabajo.

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Nota

1 Quisiera agradecer a Carla Miotto por su ayuda preciosa en la corrección estilística y a los evaluadores externos por sus lúcidas sugerencias y comentarios.

2 Es.Vag.Atenuación continúa el proyecto precedente (Es.Var.Atenuación, “La atenuación pragmática en el español hablado: su variación diafásica y diatópica“ (2014-2016), que a su vez surgió en el seno del grupo Val.Es.Co., iniciado por Antonio Briz, y en la actualidad dirigido por María Estellés y Marta Albelda.

3 También pertenece a este grupo ‘en plan’, muy frecuente en el lenguaje juvenil peninsular, que comparte la mayoría de las funciones con los demás marcadores enumerados, pero que muestra unos orígenes distintos, no de comparación, sino en usos adverbiales modales (Borreguero Zuloaga, 2020).

4 Para el sueco véase Rosenkvist y Skärlund (2013), para el ruso Kolyaseva (2018), para el italiano Voghera (2013), para el portugués brasileño Lima Hernandes (2005), para el portugués europeo Marques (2015), para el español argentino Kornfeld (2013), Fernández (2017) y Mihatsch (2018a, 2018b), para un estudio comparativo de las lenguas romances véase Mihatsch (2010a).

5 En el portugués europeo y brasileño assim es otro marcador equivalente (Lopes & Carapinha, 2004; Martelotta, Nascimento & Costa (1996) sobre el portugués brasileño; para una comparación de assim, ‘como’ y ‘tipo’ del portugués europeo con ‘así’, ‘como’ y ‘tipo’ en el español peninsular véase Mihatsch, 2020. Por su parte, Kornfeld (2013) muestra usos análogos de atenuación para ‘medio (que)’ y ‘casi (que)’ en el español de la Argentina.

6 Las negritas en los ejemplos de corpus son mías.

7 En este estudio no se analizará la creciente flexibilización sintáctica a lo largo del proceso de pragmaticalización.

8 La representación de una categoría a base de un ejemplar modelo se remonta a la Antigüedad (Biville, 1997) y se establece como principio en la taxonomía biológica hacia finales del siglo XIX (Daston, 2004).

9 Rosenkvist y Skärlund (2013) proponen para el sueco typ un origen en el contexto de la industria de la aviación.

10 Son llamativos los pasajes siguientes del mismo texto:

“[...] la forma de disfrute de ellos es idéntica á la de Sayago: división del suelo en quiñones y reparto de éstos cada tres años entre los vecinos [...]”

“En la provincia de Córdoba encontramos desde el reparto regular y periódico por hojas á estilo de Sayago, hasta la roza ambulante con turno de veinte años según se nos ha mostrado en Asturias, Burgos y Galicia.”

11 Estos usos también incluyen empleos de ‘tipo que’ en la periferia izquierda de la oración (Kornfeld, 2013).

12 Al igual que para ‘tipo (que)’, Kornfeld (2013) destaca los usos atenuadores de ‘onda (que)’ al inicio de una oración, como en ‘Onda/ tipo/ medio (que) me gusta’.

13 Para una diferenciación muy fina de las acepciones de ‘onda’ en las variedades latinoamericanas cf. el Diccionario de americanismos (2010). Llama además la atención su uso como nombre del movimiento mexicano de contracultura ‘La Onda’ de los años sesenta.

14 Según Pérez Vaquero (2008), a partir de esta acepción, referida a un lugar de escarmiento público, surge la expresión aurisecular [coloquial] ‘vete al rollo’ ‘lárgate’.

15 Este uso parece ser incluso más antiguo, y en el siguiente ejemplo todavía muestra el lazo con el objeto físico, evidenciado a partir de la combinación con el verbo ‘largar’:

  • EL RUBIO.- Contá, mujer, contá.

  • EL GRUPO.- ¡Que cuente! ¡Que largue el rollo! ¡Sí sí!

(CDH, Sánchez Florencio (1910): La tigra. Uruguay, Teatro)

16 Se documentan empleos (no muy corrientes) en distintas variedades latinoamericanas, como se observa en los ejemplos que siguen; nótese también el uso de ‘onda’ en (a):

  • a) Porque era una vomitada larguísima, interminable, bueno, al menos así se me figuró. Chance y duró dos segundos, pero qué dos segundos. Pum: bañó la mesa, la nuestra y la de junto. Onda de que un señor y su esposa se pararon para que no les cayera. ¿Y qué haces? Pues que le digo: píntate al baño, güey. […] ¿Y tú crees que el gerente y las meseras se acercaron para ver qué rollo? Nada, hijo. (CDH, María, Gerardo (1980): Fábrica de conciencias descompuestas, México)

  • b) Al cabo de tres meses de patraña, Fito habló con su padre: — Mirá loco. Mi rollo no es éste. Me voy a Buenos Aires. (CDH, Ramos, L. & Lejbowicz, C. (1991): Corazones en llamas. Historias del rock argentino en los '80, Argentina).

17 En (45) llama la atención la coocurrencia con ‘en plan’.



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